“Ahora que te he perdido me doy cuenta de que nadie va a hacerme sonreír como tú, que nadie va a volverme loca, que nadie va a ser tú”. Porque esa frase me la recuerdo cada día, porque fui estúpida y porque ya no hay vuelta atrás.
En mi pensamiento solo estás tú. Una parte de mí desea borrar todos esos recuerdos que un día hicimos juntos mientras que la otra parte prefiere vivir de ellos.
Puedo asegurarte que sí, que en esta guerra va ganando el pasado pero también puedo confesarte que al acostarme cada día, lloro, porque es ahí cuando me doy cuenta de que ya no estás aquí, es cuando me doy cuenta de que por mucho que me digas que solo soy yo, que no hay ni habrá ninguna otra, siempre habrá alguna chica que te dé todo lo que yo no puedo darte. Porque es en ese momento del día en el que me doy cuenta de que 330 kilómetros se dicen rápido pero se sienten lejos. Es por las noches, cuando me doy cuenta de que no te puedo obligar a quedarte conmigo. Pero, también, es en ese momento, después de llorar y pensar en todo lo que vivimos, es por las noches, en ese momento del día, cuando que me digo a mí misma que nada es para siempre pero es que tú y yo somos ese nada que algún día se disfrazó de un todo.